Desde aquel momento, Aurora comenzó a valorar cada una de sus características y dejó de pensar que debía ser perfecta para sentirse hermosa.
También comprendió que su verdadero valor no dependía de su apariencia, sino de todo lo que llevaba dentro: su personalidad, sus sentimientos, sus sueños y la manera en que trataba a los demás.
Su mejor amiga se alegró mucho al verla finalmente feliz y segura de sí misma.