Un día, el árbol quiso agradecerle a su amigo y al dueño que lo había cuidado. Entonces escribió un mensaje en el suelo que decía:
“Ya soy tuyo porque me cuidaste y valoraste lo que yo era.”
El arbusto se sintió muy feliz al leerlo, y desde ese día los dos continuaron creciendo juntos, compartiendo el bosque y cuidándose como grandes amigos.