Cuando la princesa supo lo que estaba ocurriendo, les pidió a los guardias que la dejaran salir para ayudar al pueblo. Al ver la difícil situación del reino, ellos aceptaron.
Dulcinea entró a la cocina y comenzó a preparar nuevamente sus deliciosos postres mientras cantaba con una gran sonrisa. Poco a poco, la paz volvió al castillo y las personas empezaron a escuchar su alegre voz.