Pensando que todo se debía a la falta de dulces, el rey ordenó a los cocineros preparar muchos pasteles para repartirlos entre los habitantes.
Sin embargo, ocurrió algo inesperado: aunque los postres eran muy bonitos, las personas seguían tristes. Algunos lloraban, otros permanecían en silencio y nadie recuperaba la alegría. El rey no entendía qué estaba sucediendo y terminó sintiéndose tan triste que cayó en una profunda depresión.