Cuenta la historia que, en un lejano reino, vivía un pueblo lleno de tristeza y gobernado por un rey muy estricto y autoritario. En aquel castillo habitaba una hermosa princesa llamada Dulcinea, una joven amable, dulce y muy querida por todos. Lo que más disfrutaba era preparar deliciosos pasteles con sus propias manos, pues tenía un gran talento para la repostería.